gusto a caramelo en las brisas del sursoplan la hojalata de esculturas eternas
y esa vieja artimaña de mañana carioca
el coloso se pega la frente en el mundo,
la pereza lo abraza al ex moribundo.
capricho que nace abriendo, ventanas de piel,
se hace carne en hojas que están por arder
porque de entrada vas a gambetear
una lluvia de balas, cotidianidad.
se amotinan los ojos en un bien celestial
y en el mundo naciendo ya van a bailar
esculturas, efímeras, de humo.
conectados los cables
encendidos los motores
arrancamos el lapsus de los merodeadores
con una sonrisa sin sentido
te distingue de todos los clones.
el ausente.
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